lunes 5 de octubre de 2009

El bajo en los '90

    Entramos en la década a tope de distorsión y volumen, los fabricantes que ya tenían por antiguallas a los amplificadores de válvulas los vuelven a fabricar y lo mismo ocurre con los instrumentos vintage. Mucho bajista de grupo grunge o similar se tira directamente a cabezales completamente a válvulas y como Bajo elige un Precision (Sound Garden) o un Thunderbird (Nirvana). La verdad es que estos bajos, al igual que cualquier modelo que alcanza la categoría de clásico, tienen un valor propio que se mantiene a lo largo de los años, por encima de modas y demás accidentes. El Bajo de cinco cuerdas se hace cada vez más habitual, sin duda porque aumenta las posibilidades del de cuatro y no llega a ser tan monstruo como el de seis. Grupos interesantes en esta onda, desde le punto de vista del Bajo, los hay a capazos, como Primus (Les Claypool), Rage Against The Machine (Tim Commerford) o Stone Temple Pilots.
    Estilísticamente el nivel sube barbaridades, siempre hablando en general. Encontramos a muchos grupos de pop o rock con un nivel tanto técnico como de composición de la línea antaño reservado para bajistas con inquietudes fussion. Y bajistas con Bajo de seis cuerdas ampliando el lenguaje del pop con incursiones en otros terrenos. La separación entre estilos tiende a desaparecer, cada vez son más los grupos que mezclan ritmos completamente diferentes no sólo en el mismo disco, sino incluso dentro de la misma canción.
    La explosión "Unplugged" lanza con inusitada fuerza un instrumento prácticamente nuevo: el Bajo acústico. Se ponen de moda los conciertos denominados "básicos", que de básicos tienen bien poco porque ahí no falta de nada y hay cables hasta en el cuarto de baño, pero... La cuestión es que lo electro-acústico ha pasado a establecerse como categoría propia por la calidez del sonido, además es un formato ideal para explorar estilos étnicos. En estos momentos se implanta como la fusión total: por un lado el sonido de la madera y las cuerdas metálicas y por otro la más sofisticada tecnología en materia de pastillas y micrófonos piezo-eléctricos.
    Otra corriente que atraviesa los '90 es el Acid-Jazz. Como todas las etiquetas, no es más que una forma de re-nombrar al funky de toda la vida, mezclado con armonías jazz y atmósferas rescatadas de las películas de serie B de los '70. El Acid-Jazz es, en realidad, el jazz de la década, solo que en lugar de llevar ritmo de swing, que era el ritmo de baile de los años '40, lleva una base claramente funky que puede derivar con toda naturalidad en salsa o, por qué no, en hip-hop. Como muestras de lo dicho tendríamos a Incognito, con un fantástico Randy Hope-Taylor, James Taylor Quartet, Brand New Heavies (Andrew Levy on Bass), Freak Power (Dale Davis on Bass) y un montón más, a menudo con Bajo sin trastes. Una característica que se aprecia y se agradece en la mayoría de discos de este estilo es que el volumen del Bajo es el adecuado, se escucha sin problemas y con un tono grueso y redondo, sólido como ninguno, limpio y claro. Si a esto le añades un batería como debe ser, el resultado es... ¡una gozada! Advertencia: aunque la música, los ritmos y las letras son de lo más desenfadado y vacilón, el nivel instrumental en todos los grupos es MUY alto. Así que si quieres formar tu propia banda de Acid-Jazz, ojito que la competencia es mu fuerte.

martes 24 de junio de 2008

El bajo en los '80 (y II)

    Muchas de las tendencias que empezaron en los ’70 viven en los ochenta modificaciones sustanciales. Es el caso del reggae, que en los ochenta se convierte en dub y toasting; el heavy-metal se ve renovado por la new wave of british heavy-metal con grupos como Saxon, Iron Maiden (con el hiperactivo Steve Harris) o Def Leppard. Incluso Deep Purple se reuniría en 1985. Y viejos lobos del calibre de Scopions o Judas Priest disfrutaron de su mejor momento. Tras esto viene toda una pléyade de subgéneros con el apellido metal, como speed, death, trash, black, power, etc, que por citar algunos cuentan entre sus filas con Manowar, Helloween o Metallica (con el malogrado Cliff Burton). Asimismo se da un renacimiento del glam-rock, más tirando a metal esta vez, con Blackie Lawless en W.A.S.P., o Rudy Sarzo en Quiet Riot y la banda de Ozzy Osbourne. Y para terminar con el heavy-metal no podía faltar AC/DC con un impertérrito Cliff Williams grapando corcheas en la base del monstruo de escenarios. Si te gusta el rock, un concierto de AC/DC nunca te deja frío.
    En la sección de fieras no podemos olvidar a un joven Billy Sheehan, al que tuve la fortuna de ver con dieciséis años en una gira que realizó con UFO y recaló en España. Desde luego, quitando de Stanley Clarke en televisión, nunca había visto nada igual. Ni hoy se ve todos los jueves. Aquí Billy ya tenía pocos problemas de soltura, pero aunque tenía su propio grupo con discos en el mercado (Talas) siguió siendo un desconocido para la mayoría hasta su éxito con Mr. Big en los noventa.
    Hacia el '84 hace acto de presencia una corriente llamada Nuevo Rock Americano, pilotada por Long Ryders, Dream Syndicate, The Del Fuegos, Green On Red o The Rain Parade. Es cierto que era como el rock americano de los '70 pero con una consistencia más pop. Aquí no hay que buscar bajistas virtuosos ni cosas por el estilo, no es lo que se pretende ni de lejos, pero eso sí: buenas canciones donde las haya. Esta malograda corriente, y digo esto porque pasaron inmerecidamente sin pena ni gloria la mayoría de ellos (y me temo que hasta dentro de 20 años no los reivindicará nadie), fue sin embargo el caldo de cultivo de donde saldría el grunge de los '90. Fueron realmente quienes protagonizaron la transición de los grupos de plástico a los grupos de ácido nítrico.
    Esta tendencia transcurre paralela a otra que revisita el garage-rock de los primeros sesenta. Grupos como The Cramps o Gun Club allanan el camino para el boom que viviría en los ’90.

martes 3 de junio de 2008

El bajo en los '80 (I)

    La década se inicia, como todas, arrastrando tendencias de la anterior. De esta forma, en el '81 asistimos a la transformación de la música disco primero en nuevos romanticos y después en tecno puro. Seguía siendo funky, pero descafeinado. Grupos como Spandau Ballet o Level 42 darían paso a una oleada funky-soul con Communards, Blow Monkeys o Simply Red.
    El tecno era premeditadamente frío y distante. Música desapasionada para la era industrial. El Bajo observa dos cambios importantes: primero: al igual que los demás instrumentos, ya no es imprescindible al poder sustituirse por un sintetizador o un bajo secuenciado. Aquí hay que aclarar que, aunque se prescinda del instrumento, la línea de Bajo sigue ahí aunque sea sintetizada. Segundo: por alguna razón se convierte en el instrumento fetiche de la primera mitad de la década. Las guitarras desaparecen, tanto visualmente como en las mezclas de los discos; muchos baterías se ven sustituidos por cajas de ritmos. Pero los bajistas atraviesan estos años como intocables. Más aún: como auténticos protagonistas sonoros. Estos años ven salir al mercado montañas de canciones con líneas de Bajo simples pero totales. Podías estar en una discoteca y escuchar canciones de grupos que no conocía ni el disc-jockey, grupos que a lo mejor sólo habían sacado esa canción, pero eso sí, con un Bajo genial.
    Muchos fueron los que se enamoraron del Bajo por aquellos días (sí, yo también). Se dio un fenómeno parecido al de los años '50, cuando la gente empezó a comprarse guitarras eléctricas simplemente porque habían visto a Elvis por televisión. Pues aquí lo mismo, pero con el Bajo. Pocas notas, sí, pero era el SONIDO. Igual que el timbre de un cantante. Aunque Police ya iban rodando por ahí, el éxito masivo les vino en 1980 con "Message In A Bottle". El caso de Sting, un bajista que al mismo tiempo es el cantante y líder del grupo, será a partir de ahora cada vez menos insólito, como ocurre en grupos tan dispares como Rush (con Geddy Lee) que tampoco eran nuevos, Motörhead (con el carismático Lemmy), Level 42 (con Mark King), O.M.D. (con Andy McCluskey), por citar algunos. De entre los grupos de tecno o cool-wave podemos entresacar a Bauhaus, con David J. Muy interesantes también los bajos de The Cure, a cargo de Phil Thornalley (la línea de “Love Cats”, imprescindible). Bajistas hábiles a la hora de crear atmósferas densas y misteriosas, dando origen a lo que hoy se conoce como "gótico".

domingo 1 de junio de 2008

El bajo en los '70 (y III)

    El punk es otro fenómeno que aparece a mitad de década y tiene la osadía de cuestionar el funcionamiento de la industria musical de entonces sin dejar títere con cabeza. Los Sex Pistols castigan la úlcera de su majestad la reina de Inglaterra en el 25 aniversario de su coronación, con un Sid Vicious preguntándose cómo leches lo hacían los demás bajistas para tocar una canción entera sin parar a descansar. Aparte de su irascibilidad, tenían razón en algunas de sus propuestas, como esa preferencia por lo espontáneo, lo básico, lo personal, y aquello de hacer más con menos, cosa que me parece genial.
    Pero quienes desarrollaron esta idea no fueron los grupos punk, sino los after-punk, caso de Japan con Mick Karn, o sinfónicos reciclados como King Crimson y Peter Gabriel, ambos con Tony Levin, maestro indiscutible del minimalismo en el Bajo. De bajistas punk me quedaría con Paul Simonon (The Clash) y con Tina Weymouth (Talking Heads). Véase "Police and thieves”, del primer disco de The Clash o “77”, el primer disco de Talking Heads.
    En cierto modo, el punk era una consecuencia del glam-rock de principios de década, una música para algunos un tanto hortera y poppy. Pero había mucho rock and roll en bandas como New York Dolls (a ver si eso no es punk), Alice Cooper, Slade o T.Rex, sin olvidar a Bowie con el mejor bajista del gremio en sus Spiders From Mars: Trevor Bolder.
    La música latina empieza a tener más presencia en esta década. A la Fania All Stars le debemos el reconocimiento en años posteriores a gente como Ruben Blades, Miami Sound Machine o el mismísimo Juan Luis Guerra, todos influidos por el jazz-fussion. El grupo estrella del latin-rock es la banda de Santana. El sonido de Santana es único y los bajistas que ha llevado siempre son buenísimos. Ahí está "Abraxas" (1970), donde aparece "Black Magic Woman", un clásico de los '70 con una preciosa línea de Bajo. Después vendrían "Moonflower" (1977), “Marathon” (1979) y "Zebop!" (1981), por citar sólo algunos.
    El funky madura también en estos años. El buque insignia bien podría ser Earth, Wind & Fire, auténtica orquesta de funk de alto nivel y ritmo endiablado (¡qué difícil es cuadrar BIEN todos esos cambios!). Aquí encontramos a Verdine White en el Bajo, pero en realidad cualquier bajista de funky suele ser la caña. O cualquiera de los que han pasado por la banda de James Brown, sin olvidarnos del maestro de las semicorcheas Francis "Rocco" Prestia III, de Tower Of Power. Y, ¿qué decir de Funkadelic, con el pirado de Bootsy Collins?
    Los más duros también tuvieron su ración. Empezó llamándose hard-rock y se quedó en heavy-metal. Lo que inauguró Led Zeppelin se puede encontrar en muchos grupos: guitar-heroes que encuentran un apoyo decisivo en el Bajo, caso de Roger Glover en Deep Purple y Rainbow. Sin olvidarnos de grupos construidos sonoramente desde el Bajo como Black Sabbath. Entre el hard y el sinfónico tenemos a Rush, con Geddy Lee al mando, Jazz Bass en mano.

viernes 30 de mayo de 2008

El bajo en los '70 (II)

    También en esta década toma cuerpo el reggae, nacido en los sesenta, que en unos años pasa de música de ghetto jamaicano a todo un impacto mundial. Bob Marley & The Wailers es lo más conocido por todos y lo más odiado por los puristas. La verdad es que una recopilación jamaicana de grupos desconocidos (ni siquiera Steel Pulse o Third World) abre mucho los ojos al respecto, pero también es cierto que en cualquier disco de Marley la calidad y los bajos de Ashton Barrett están fuera de dudas. El ska, primo hermano del reggae, también conoce un resurgimiento a finales de la década, por parte de grupos de la metrópoli como Madness, Selecter, Specials o Bad Manners, unos en el sello Stiff y otros en Two Tone. En Madness encontramos a Mark Bedford, uno de los más impecables rítmicamente hablando sin perder por ello la condición de bajista pop. Compara las líneas de Bajo de Madness con la mayoría de grupos de ska y verás cómo les falta un poco de chispa.
    También en ese momento se produce el boom de la música disco. Dejando aparte lo hortera que pueda resultar la estética de la bola de espejos y los cuellos de avión de las camisas, hay que reconocer que los productores de la época grabaron unas líneas de Bajo absolutamente maravillosas. No era más que funky orientado directamente a la pista de baile (los éxitos de la época se conocían como llena-pistas), pero una buena escucha a los discos de Boney M., Chic, Eruption, Bee Gees, Village People, Donna Summer o Gloria Gaynor explica por qué esa música es tan irresistiblemente bailable. Y la culpa es, en gran parte, del Bajo. Aún siendo funky, la musica disco presenta características propias, sobre todo en cuanto a sonido y arreglos. El Bajo combina un esquema de una-nota-en-cada-tiempo (como el walking-bass de jazz en cuanto a ritmo, pero sin explorar tanto la armonía) con esquemas puramente funky sobre todo al final de cada frase. Esto se ve, por ejemplo, en "Another One Bites The Dust" (Queen).
    Otra corriente que se desarrolla en los setenta es el rock sinfónico, cuyo origen es el rock progresivo de finales de los '60. Uno de los grupos más originales es King Crimson, con John Wetton en sus filas que además cantaba estupendamente. Y Greg Lake, que tras abandonar King Crimson tras el primer disco se apresura a formar Emerson, Lake & Palmer. Yes también cuentan con un monstruo llamado Chris Squire haciendo líneas imprescindibles para las canciones, como la de "Roundabout". Genesis son otros que tal (probablemente las texturas armónicas más originales de todo el rock sinfónico), que tampoco pueden quejarse de las líneas barrocas de Mike Rutherford. Aunque mi grupo favorito de rock sinfónico siempre será Camel. Sobre todo mientras estaba John Sinclair, otro que no podía disimular sus raíces jazz.

miércoles 28 de mayo de 2008

El bajo en los '70 (I)

    En un programa de televisión de los ochenta consideraban los '60 como plenamente creativos y los '80 como de resurgimiento, dejando a los '70 como década de transición. Bueno, pues nada más erróneo. Los '70 son riquísimos tanto en grupos como en estilos. En esta década se desarrollan cosas tan dispares como el jazz-fussion, el latin-rock, el funky, el heavy-metal, el reggae, el punk y la música disco. O sea, que hay de todo y buenísimo. Así que vamos allá.
    El Bajo en los '70 se suelta la melena. Ya no es un instrumento secundario o de relleno, sino que alcanza su plena madurez, gracias a que los productores con orejas y gracias también a una serie de caballeros que, desde una perspectiva jazz-fussion, hicieron que el público se fijara en eso que parece una guitarra eléctrica pero con menos cuerdas. Uno de estos caballeros es Jaco Pastorius, y lo puedes escuchar tanto en discos de Weather Report como en solitario, con Pat Metheny (1 disco) y con Joni Mitchell ("Hejira"). Jaco es al Bajo lo que Jimi Hendrix a la guitarra eléctrica: marca un antes y un después. Un auténtico virtuoso, un ser diseñado para tocar el Bajo (sobre todo su cerebro), todavía escucho cosas suyas que son imposibles de tocar. Pero él las tocaba. Puso de moda el Bajo sin trastes (fretless), al quitárselos a su Jazz Bass del sesenta y pico, aunque no fue el primero en hacerlo. Su carisma como músico es innegable. Es de los pocos bajistas que conoce el público en general (pocos significa tres o cuatro) y de los pocos que son admirados por otros instrumentistas. Su vida fue tan original como su música, incluyendo largas estancias en un hospital psiquiátrico a mediados de los '80, abuso de drogas y muerte de una paliza a cargo de un desaprensivo a la salida de un club en Florida el 21 de septiembre de 1987. Tenía 35 años.
    Otro de estos caballeros es Stanley Clarke. Nada que ver con Pastorius, Stanley hace honor a la raza negra desarrollando grooves de lo más vacilón. Tiene una formación jazzística sólida como pocas y una técnica fuera de serie. Es capaz de hacer sonar su Alembic como una guitarra española. Verlo para creerlo.

domingo 25 de mayo de 2008

El bajo en los '60 (y II)

    Paralelamente se desarrolla en la costa oeste de Estados Unidos una corriente conocida como acid-rock, con bajistas tan representativos como Phil Lesh (Grateful Dead) y Jack Casady (Jefferson Airplane). En la costa este habría que destacar el uso del bajo que hacen tanto John Cale como Doug Yule (Velvet Underground).
    En 1968 aparece el primer disco de Led Zeppelin, disco que sienta las bases del hard-rock de los años posteriores junto con el "Paranoid" de Black Sabbath, donde Geezer Butler demuestra que sin él no se puede hablar de sonido denso y pesado. Pero el disco de Led Zeppelin que realmente nos interesa es el segundo, "Led Zeppelin II". No es casualidad que lo produjera Jimi Page, el Bajo soporta de tal forma a la guitarra que no tengo ningún problema en decir que le quitas a ese disco la pista del Bajo y el heavy-metal desaparece. Por mucha distorsión que añadas, el Bajo es el que da cuerpo a los riffs.
    También tenemos a Jack Bruce, mano a mano con Ginger Baker en Cream. Es posible que sea precisamente Jack quien puso el Bajo en primer plano de una forma definitiva y sin vuelta atrás. A muchos la estructura de Cream les parecerá pretenciosa y aburrida (compárese, por ejemplo con Jimi Hendrix, que llevaba el mismo tipo de formación), pero lo cierto es que estaban inventando el trío electrificado de lo que luego se dio en llamar jazz-fussion. Aunque ellos estaban claramente en una onda más blues. En directo Jack competía de igual a igual con Eric Clapton, solo que desde el Bajo. También era fantástico haciendo coros. Otra banda que no es tan conocida como las anteriores y no tiene mucho que envidiar (al menos desde el punto de vista del Bajo) son los americanos Vanilla Fudge, donde encontramos a Tim Bogert armado con un Precision y haciendo una excelente labor.
    En 1969 tiene lugar el Festival de Woodstock, que sirvió de excusa para que algunos se revolcaran en el fango y de auténtico escaparate musical de lo que se cocía en aquellos momentos para público y promotores de conciertos. Allí encontramos a Larry Graham tocando el Bajo con Sly & The Family Stone. Graham es el inventor de la técnica de slap, algo que en aquellos tiempos se llamó "grahaming", en su honor. Por Woodstock pasa también Tomy Shannon, bajista de Johnny Winter, uno de los mejores bajistas de blues contemporáneo.
    Por último, finalizando la década encontramos otra nueva corriente estilística conocida como rock progresivo que llevaría en sus filas a pesos pesados de la talla de Greg Lake (King Crimson, ELP) o Chris Squire (Yes).