Entramos en la década a tope de distorsión y volumen, los fabricantes que ya tenían por antiguallas a los amplificadores de válvulas los vuelven a fabricar y lo mismo ocurre con los instrumentos vintage. Mucho bajista de grupo grunge o similar se tira directamente a cabezales completamente a válvulas y como Bajo elige un Precision (Sound Garden) o un Thunderbird (Nirvana). La verdad es que estos bajos, al igual que cualquier modelo que alcanza la categoría de clásico, tienen un valor propio que se mantiene a lo largo de los años, por encima de modas y demás accidentes. El Bajo de cinco cuerdas se hace cada vez más habitual, sin duda porque aumenta las posibilidades del de cuatro y no llega a ser tan monstruo como el de seis. Grupos interesantes en esta onda, desde le punto de vista del Bajo, los hay a capazos, como Primus (Les Claypool), Rage Against The Machine (Tim Commerford) o Stone Temple Pilots.
Estilísticamente el nivel sube barbaridades, siempre hablando en general. Encontramos a muchos grupos de pop o rock con un nivel tanto técnico como de composición de la línea antaño reservado para bajistas con inquietudes fussion. Y bajistas con Bajo de seis cuerdas ampliando el lenguaje del pop con incursiones en otros terrenos. La separación entre estilos tiende a desaparecer, cada vez son más los grupos que mezclan ritmos completamente diferentes no sólo en el mismo disco, sino incluso dentro de la misma canción.
La explosión "Unplugged" lanza con inusitada fuerza un instrumento prácticamente nuevo: el Bajo acústico. Se ponen de moda los conciertos denominados "básicos", que de básicos tienen bien poco porque ahí no falta de nada y hay cables hasta en el cuarto de baño, pero... La cuestión es que lo electro-acústico ha pasado a establecerse como categoría propia por la calidez del sonido, además es un formato ideal para explorar estilos étnicos. En estos momentos se implanta como la fusión total: por un lado el sonido de la madera y las cuerdas metálicas y por otro la más sofisticada tecnología en materia de pastillas y micrófonos piezo-eléctricos.
Otra corriente que atraviesa los '90 es el Acid-Jazz. Como todas las etiquetas, no es más que una forma de re-nombrar al funky de toda la vida, mezclado con armonías jazz y atmósferas rescatadas de las películas de serie B de los '70. El Acid-Jazz es, en realidad, el jazz de la década, solo que en lugar de llevar ritmo de swing, que era el ritmo de baile de los años '40, lleva una base claramente funky que puede derivar con toda naturalidad en salsa o, por qué no, en hip-hop. Como muestras de lo dicho tendríamos a Incognito, con un fantástico Randy Hope-Taylor, James Taylor Quartet, Brand New Heavies (Andrew Levy on Bass), Freak Power (Dale Davis on Bass) y un montón más, a menudo con Bajo sin trastes. Una característica que se aprecia y se agradece en la mayoría de discos de este estilo es que el volumen del Bajo es el adecuado, se escucha sin problemas y con un tono grueso y redondo, sólido como ninguno, limpio y claro. Si a esto le añades un batería como debe ser, el resultado es... ¡una gozada! Advertencia: aunque la música, los ritmos y las letras son de lo más desenfadado y vacilón, el nivel instrumental en todos los grupos es MUY alto. Así que si quieres formar tu propia banda de Acid-Jazz, ojito que la competencia es mu fuerte.
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